
Un argentino que aprendió en el camino y que hoy construye marcas desde Haag, en Baja Austria.
Casi todo lo que sé lo aprendí lejos de un aula.
Crecí en Buenos Aires, Argentina. Después armé la mochila y pasé años viviendo y trabajando afuera: una fábrica de alimentos y un centro de esquí en Japón, un año en el campo en Suecia, un lodge en la Patagonia, depósitos y una granja en Australia.
Cada trabajo me enseñó algo que no está en ningún libro: cómo funcionan de verdad los lugares pequeños, cómo trabajar con gente con la que no compartes idioma, y que los detalles son lo que la gente recuerda. En el camino aprendí a programar por mi cuenta, y la cámara me acompañó a todas partes.
Y estuviera donde estuviera, siempre volví a la naturaleza. Madrugar para ver un corzo en la niebla, esperar a que la luz llegue a un campo, recorrer los caminos rurales de Austria con la cámara. Esa paciencia es la misma que pongo en cada proyecto.
Cuando llegué a Haag, me encontré una y otra vez con la misma historia: alguien que empieza un negocio, o que tiene una buena idea, y no sabe por dónde empezar. Cómo mostrarlo, cómo ponerlo en internet, cómo lograr que a la gente le importe.
Para eso existe Dual-Stack Studio. Tomo tu idea o tu negocio y le doy lo que necesita para que lo vean: fotos, video, un sitio web y redes sociales, desde el primer paso hasta el lanzamiento.
Inviernos en Hokkaido, donde la nieve hace casi todo el trabajo.
Niebla, animales y cielo abierto. Lo que salgo a buscar cuando no estoy trabajando.
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